31 de mayo de 2016

Infinita Nada

Siempre tuvo el mismo proceder: cuando tenía uno, quería otro y al tener ambos, deseaba otros tantos. Un día creyó tener tal cantidad inabarcable que fijó su anhelo en hacerse dueño del infinito. Aunque el gremio de expertos en aritmética y la cuadrilla de ambiciosos sin alma le advirtieron de los insalvables obstáculos teóricos y prácticos, no paró hasta conseguir su propósito.

Orgulloso de su hazaña, creía ver bajo su control un ente ilimitado que jamás nadie había ostentado. Mientras aún aspira a incrementar la ilusión despedazada, hace tiempo que en sus dominios sólo crece la infinita nada.

4 comentarios:

  1. Vivir desconectados de nosotros mismos hace que nuestra felicidad sea efímera. La mente no deja de anhelar poseer cosas creyendo que así, obtendrá felicidad y por un tiempo, así es. Sin embargo, esa felicidad es tan superflua que pronto la mente se cansa y necesita algo nuevo. Por eso va dando tumbos de objeto en objeto, de persona en persona, de exceso en exceso, creyendo que la felicidad se basa en la cantidad o en el dinero, en lugar de encontrarla dentro de un@ mism@.
    Un abrazo.

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    1. No añado ni quito una coma más. Mil gracias por tu comentario y lectura. Saludos, nos leemos!

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