7 de noviembre de 2016

Odas a Simba: Buen Perro, Mejor Persona

Esta entrada es un poco especial. Se trata de una tripleta de composiciones acuñadas como odas, pero lo cierto es que no siguen ningún patrón poético ortodoxo. Los tres versan sobre un buen amigo mío que hace poco nos dejó, Simba, un animal muy humano con el que tuve la suerte de compartir una breve parte de nuestras existencias. La primera fue compuesta en el momento en que nos separamos tras acogerlo unos meses, la segunda cuando fui a visitarlo unos meses después y la última sobre su reciente muerte. El lenguaje y las expresiones son muy espontáneas y poco formales, pero rebosantes de emoción y sinceridad.

Amigo, eres tan especial que "tienes la extraordinaria habilidad de ser el único ser capaz de inundarme el lagrimal". Estés donde estés, no te olvido, "que la tierra o el aire te sea leve". Gracias por tanto con tan poco.

-----------------------------------------
  


Oda de la despedida


Simba, ya te has ido
dejándonos el corazón vacío.

Nunca conviví con un perro,
disculpa si te miré con recelo.
Te acogimos triste y maltratao,
ahora eres un grana pasao.

Dormías dieciséis horas al día
y despierto le dabas a la lejía.
Aunque me diera asco recogerlas,
compartías sin pudor tus grandezas.
Te encantaba morder el mando a distancia,
encender la tele para ver alguna extravagancia.

Discutíamos sobre filosofía y política
me acusabas de ser un superficial podemita.
Después, hablábamos de tonterías,
descubrí que detestabas las estrías.

Te echaremos en falta buen amigo,
aunque dicen que con tu padre me hice un abrigo.
Simba, aunque eres buena gente, ¡a fregar!
no te me conviertas en un personaje vulgar.



Oda del reencuentro y del adiós

Acudí con la bici nervioso y excitado,
temía que de mí te hubieras olvidado,
pero me reconociste a larga distancia,
moviendo el rabo con tu singular vagancia.

Te lanzaste a mí sin ningún tapujo
obsequiándome con tu suave aliento perruno,
y te saludé como se hace a un hermano
chocándote la pata con mi mano.

Me confesaron que estás envejeciendo
aunque te esfuerces en seguir sonriendo,
y que de vez en cuando miras por la ventana
para ver si aparezco y salimos a quemar Granada.

Debatimos de política, féminas canes y ciencia,
engañando a tus lagunas de memoria con inteligencia.
Te burlaste de mí por haber querido asaltar los cielos
sin tener el beneplácito de los medios y del dinero.

Me recomendaste que fuera a un buen peluquero,
yo te recordé que el tuyo un destrozo te había hecho.
Preguntaste por el final de Juego de Tronos
y si al final se casaba Cersey con Hodor.

Cuando me despedí de ti ladraste con rabia,
mientras de espaldas disimulaba una lágrima.
Con tristeza asumimos que no nos volveríamos a ver
sabíamos que esta podía ser nuestra última vez.

Aunque seas un maldito bastardo
por haberte pasado a Ciudadanos,
tienes mi cariño y amistad infinita
y en mi corazón tu nombre grabado a tinta. Simba.





Oda de la muerte

Ayer, de repente te has marchado
sin romper el silencio de lo amargo.
Viniste debatiéndote entre la vida y la muerte
y te acogimos hasta aprender a ser fuerte.

Supimos que nuestro reencuentro alegre
llevaba implícito un hasta siempre,
que tu camino a este lado estaba hecho
que sólo quedaba encontrar el último lecho.

Ya no podremos discutir si Errejón es un mingafría,
o si Iglesias tiene que regresar a la guardería,
ni reírnos sospechando que Rajoy es un mutante
o si Soraya debe cambiar urgente de laxante.

Espero que en el cielo perruno alguien te cante por bulerías,
te toquen las palmas y vuelvas a menear el rabo por alegrías,
que allí conozcas a otros pasaos y otras perras
y así entierres tus miedos, tapujos y vergüenzas.

No sé bien por qué tienes esa singular habilidad
de ser el único ser que sabe inundarme el lagrimal.
Simba, que la tierra o el aire te sea leve
a fuego te llevo en la piel, corazón y mente.



Simba and Rafalé, Granada en febrero 2016.

2 comentarios: