20 de enero de 2012

Las Puntadas Del Disfraz


No puedo evitar sentirme intimidado cuando me miras. No tengo más remedio que agachar la cabeza y esquivar tu mirada aunque te siga escuchando. Desde el momento en que te conocí, tengo la sensación de que para ti soy uno de esos libros de aventuras en el que el malo es muy malo y en el que el bueno no lo es tanto, del que ya sabes quién ganará por lo previsible de la historia. Aunque no lo parezca, me esfuerzo en hacer que el protagonista se imponga por sus virtudes y su victoria no sea sólo fruto de las bajezas del rival. Me resulta tan difícil conseguirlo que me conformo con alargar el cuento una línea más, con estirar una intriga que nunca existió, para mantenerte embelesada, o para deleitarme mientras te lo haces.

He de confesarte que todas las noches enhebro la aguja para bordar el mejor disfraz, y cuando creo que lo tengo, lo dejo tirado sin doblar en el ropero. Los colores que escogí me parecen ridículos, la delicada textura que me vendieron se ha vuelto afilada y araña mi piel, y, si me apuras, hasta se me olvidó hacerle las mangas. Aún así, me sigue dando reparo pensar en tirarlos, consumirlos lentamente o cortarles unos retales y probar a hacerme un calzoncillo. Prefiero que el polvo y las polillas los devoren bajo mi atenta mirada. Aunque suene a vanidad, disfruto alimentando a esos seres invisibles y silenciosos. Tengo claro que, por ahora, el carnaval es mi hábitat natural, el recoger la tela gastada, cortarla sin pensar y luego repasarla por la máquina. No quiero confección de postín, no la entiendo, y de hacerlo bien sólo sería fruto de una mentira más grande que ésta. Tampoco pretendo cambiar nada, casi todo me parece estar bien como está. Como ya te habrás dado cuenta, tan sólo imito un corte por allá, tomo prestado un botón por acá y el índice y el pulgar se encargan de dar las puntadas que impulsivamente invento.

Entre puntada y puntada he intentado hacer algo que se parezca a un vestido. No quiero que receles, pero nunca pensé en ti para lucirlo. Siempre que creo que es el suyo, tímido se lo ofrezco, lo acepta, y cuando descubro su cara me doy cuenta de que he vuelto a errar. Podría haberles hecho remiendos, ensancharlos o ceñirlos al gusto, transformarlos en un pijama o en un redondo sostén, pero me dije que no, que para la siguiente habría otro nuevo hasta que por azar algún día acierte. Últimamente, el esmero ha desaparecido de la traza de los vestidos. Las tonalidades vivas y los arreglos brillantes que solía utilizar se han convertido en oscuridad y sobriedad. Quizás me haya vuelto demasiado permisivo, o tal vez haya aceptado a lo pequeño como triunfo y a la nada como consuelo. No tengo prisa ni ansiedad, ni voy a esbozar a la vez los patrones de dos, lo suyo me cuesta no pincharme tejiendo uno.

No desesperes, para ti también aguardo algo, diferente, único y especial. No espero sorprenderte, ni tan siquiera pellizcar, sólo quiero que avives la luz del candil que alumbra este trasnochar de costura, sólo quiero cargarme de razones para esquivarte la mirada y agachar esta cabeza. Ya sólo queda encontrar el celofán, pues el lazo que lo envuelve lo acabo de bordar.





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Fuentes de Inspiración:
Sorprendente - Leño
(canción).

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